Fue reconvertido, como buque de asalto, por la Marina Imperial alemana a comienzos de la Primera Guerra Mundial y armado con dos cañones de 88 mm, una ametralladora y 36 fusiles. Asignaron un oficial, dos suboficiales y 13 soldados a la tripulación, compuesta en su mayoría de reservistas y civiles que recibieron un curso intensivo de las funciones en un buque de guerra y de disciplina naval.
Durante sus ocho meses de servicio en alta mar este antiguo crucero de 15000 toneladas hundió más de una docena de barcos aliados y capturó cientos de prisioneros. Los barcos fueron capturados normalmente en ataques por sorpresa, ya sea porque el Kronprinz Wilhelm simplemente los adelantaba debido a su mayor velocidad y les ordenaba que se detuvieran, enviando luego una partida de abordaje, o bién porque se hacían pasar por un buque en peligro o de una nacionalidad amiga, atrayendo a su presa hasta que la abordaban. Si parecía que no había nada de valor o de importancia militar, eran liberados y podían seguir navegando.
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